Precisamente
quiso nacer en 1936 y en Asturias…en la parroquia de Santa
María de Grado.
Fernando Suarez,
culto, amable, erudito, se licenció en
Filosofía, Teología y Geografía e Historia, en las universidades de
Salamanca, Valencia y Santo Tomás de Roma.
Comenzó
su andadura tomando los hábitos de la Orden de los Predicadores en 1955 y en
1970, ya secularizado, se dedicó a la enseñanza, obteniendo la cátedra de Historia
y Geografía en 1983.
Pero
lo más importante de Fernando Suarez,
es su sensibilidad. Su sensibilidad para dar a conocer la “otra memoria histórica” la de las gentes sencillas, trabajadoras,
esforzadas. La de los lugares hermosos y recónditos (escondidos quizá para no
mostrar demasiado su belleza, esperando pacientes a que la descubran) de la
geografía Asturiana.
Fernando Suárez, fiel a sus raíces y fruto de una rica investigación y documentación que ha llevado a cabo paciente y cuidadosamente durante años, ha querido regalarnos la “Historia y memoria de Santa María de Grado” en formato libro, publicado en “los talleres de Grafinsa, en Oviedo, en 2013”, según nos comenta el autor.
“Santa
María de Grado, nos dice Fernando Suárez, abarca
3,02Km. o lo que es lo mismo, 302
hectáreas que se sitúan en el espacio nororiental del concejo de Grado, a 17
Km. de la capital del Principado, por el camino de Oriente y a 6 Km. de la
capital del municipio, por el camino de Occidente”.
Pero,
¿y por qué hablar de Santa María? nos preguntamos. Fernando Suárez, lo tiene muy claro, y nos responde en las primeras páginas de su libro.
Nos dice “el hombre actual trata de
conocer y de explicar el presente y el pasado del planeta en el que viaja y,
con más ahínco, trata de conocer a las comunidades humanas que le precedieron.
El presente le pone en contacto con lo que es y, mirando al futuro, intenta
crear una nueva realidad que supere a la actual. La parroquia de Santa María de
Grado, como solar territorial y como comunidad humana que vive en él, también
tiene su pasado, su presente y tendrá su futuro. Su pequeña historia que contar
y recordar, que vivir y que construir.”
Por
todo esto, hoy nos permitimos el lujo de hablar con el autor, con Fernando Suarez. Hoy, “vamos a hablar
de su libro: Historia y Memoria de Santa
María de Grado”.
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Iglesia de Santa María de Grado y Cementerio. |
P.- ¿Buen año para
nacer, no? El 36…en Asturias…en una aldea del interior, Santa María de Grado…
sería absurdo preguntarle qué recuerdos tiene de ese año… pero de los
posteriores, seguro que si los tiene. Su “memoria histórica” la ha querido
centrar en la descripción del pueblo, de sus gentes, es una memoria
costumbrista. Juegos, familias, paisajes, sensaciones... Habla de los hogares y
de las familias de Santa María, pero yo quiero que me hable de Usted, de sus
sensaciones de esos, nada fáciles, años de infancia (supongo) De sus aspiraciones,
sus sensaciones, de su realidad, de la realidad del pueblo vista con los ojos
de un niño.
R.- Me
dijeron que había dado mis primeros pasos
en un hórreo, donde mi familia se guarecía de la intemperie, habiendo
sido desplazada del pueblo debido a que éste estaba en pleno frente de batalla
durante el primer año de la guerra civil. No recuerdo la explosión de los
proyectiles del 15,5 que asolaron al pueblo durante ese año, pero los años 40
fueron los años de la niñez consciente y "sufriente". Las principales
sensaciones de aquellos años en un niño introvertido y sensible fueron el miedo
a la oscuridad, a los muertos, a las aterradoras historias que contaban los
mayores. El frío en un mundo sin calefacción, en el que las actividades se
realizaban a la intemperie. En el pueblo
no existía ni un solo punto público de luz, chicos y mayores usábamos pequeños hatillos
de paja a modo de antorchas. El niño era el ser más débil y más desprotegido de
la cadena familiar y social. Desde muy niño le imponían quehaceres casi siempre
excesivos para su edad. Un niño era una sensibilidad abandonada en medio de un
mundo hostil…Había niños que, superada
su etapa de bebé, no volvían a recibir un beso hasta superada la pubertad
y gracias a su primer "ligue"…
Se vivía en soledad afectiva. No existía crítica ni rebeldía ante la situación:
todo se aceptaba como si aquella fuera la única realidad posible. De lo que se
trataba era de esquivar y superar
aquellas circunstancias con estratagemas más o menos tramposas. De aquí su desarrollo
mental y madurez intelectual en muchos aspectos. Yo solía decir a mis alumnos
en plan jocoso, pero con fondo real: Amigos,
“intellectus apretatus discurrit qui rabiat", que viene a expresar,
más o menos, la capacidad del cerebro para reaccionar más rápidamente cuando se
ve acuciado por alguna necesidad. Lo reían, pero cogían perfectamente el
mensaje. Recuerdo las caminatas a la "escuela particular", hiciera sol o nevara, de noche, en madreñas y
con desplazamiento de cuatro o cinco
kilómetros y otros tantos de vuelta.
Siempre moviéndonos en pequeñas
pandillas. Éramos fumadores a "callandas", con frecuencia
transgresores con los frutales ajenos, o convertidos en recogedores de aguinaldos
de casa en casa, incluso en pueblos ajenos. Pero el acontecimiento de magnitud
histórica para Santa María y para mí como niño que intentaba pasar la mayor
cantidad de horas observando todo el proceso, fue la construcción de la
estación del ferrocarril. Aquella época
hizo posible un niño típico y especial, muy despabilado y preparado para llevar
a cabo su propia realización superando la etapa triste y pobre de la posguerra.
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Tren vasco - asturiano. Foto. spanishrailway.com |
P.- Usted opina que en
general tendemos a “perder la memoria”, o que tenemos “una memoria selectiva”,
y por eso afirma rotundamente que “el
pasado solo existe cuando conservamos su memoria”. El mundo y las personas se
desvanecen y se olvidan si no retenemos la trayectoria de sus vidas.”
R.- La memoria dura lo que dura la persona o la
comunidad en la que vive. Cuando se quiere conservar su contenido, hemos de
recurrir al documento que resista al paso del tiempo. En nuestro mundo, territorios y comunidades pequeñas no cuentan nada para los medios de comunicación. Su vida
y su discurrir económico y social se quedan sin notario. Con su desaparición
desaparece también su paso por la Historia. Unamuno, obsesionado con el tema de
la muerte y su desaparición escribió aquel poema dedicado a Salamanca....
“Y cuando el sol al acostarse encienda
el oro secular que te recama,
con tu lenguaje, de lo eterno
heraldo,
di tú que he sido”.
El hombre y las pequeñas comunidades dejan de
ser y de ser conocidos cuando no queda memoria testimonial de ellos... "Di
tú que he sido"…Los historiadores profesionales no reparan en las pequeñas
y aparentemente intrascendentes comunidades humanas. Por ello, si alguien no se
ocupa de ellas, terminan desapareciendo de la Historia. Sin esa historia de
Santa María, mis nietos, que ya han nacido en la ciudad, jamás llegarían a
conocer cómo era su abuelo ni el mundo del que ellos proceden. Tampoco sabrán
que son deudores a su trabajo y a sus valores éticos. De Santa María, lo único
que había escrito hasta ahora, eran las quince líneas que le dedica el
"Diccionario de Madoz", por cierto maravillosa síntesis de lo que era
el pueblo a mediados del siglo XIX.
P.- ¿Por qué Santa
María de Grado? Qué tendría de extrapolable a otras realidades de otras
localidades asturianas? ¿Se podría decir que representa “una realidad tipo del
momento social y cultural del rural asturiano?
R.- La evolución socioeconómica de Santa María
desde la segunda parte del siglo XVIII hasta principios del siglo XXI,
representa un modelo paradigmático de amplios medios rurales de la zona central
de Asturias. Con mayor o menor intensidad, todo el ámbito rural del entorno a
las ciudades y a los centros industriales y mineros vivieron procesos
similares. Otra suerte corrieron las "alas" de la región que hubieron
de optar por el mundo rural o tomar el camino de la emigración. En el centro de
la región, desde la segunda mitad del siglo XIX, se pasó a tener una economía
mixta. A partir de mediados del siglo XX, con la caída en vertical de la
natalidad, el desarrollo acelerado de la economía y de las comunicaciones, las
aldeas se despueblan y los pocos habitantes que permanecen en ellas son personas
mayores y jubiladas, o simples
residentes con mentalidad y alma urbana. Hoy los campos están yermos y la
ganadería apenas es testimonial. La historia de Santa María, con su carácter paradigmático, me interesaba como
historiador, pero he de confesar que difícilmente me hubiera echado a la
espalda tal responsabilidad de no sentir como algo propio su apasionante
historia. Por otra parte, como superviviente de aquel mundo, me rebelaba ante
su desaparición. Por eso, me llenó de satisfacción la crítica tan elogiosa que
se hizo de mi obra desde el "Real
Instituto de Estudios Asturianos"
(RIDEA), y de otros especialistas en la materia.
P.- Fruto de su
investigación y documentación… ¿se ha encontrado con algo que le ha sorprendido…algo
que no conocía o esperaba?
R.- Sí,
sobre todo encontré documentación que me aclaró
ciertos hechos que ya habían desaparecido de la memoria y la conciencia
de la gente: ¿por qué existían tres o cuatro casas con grandes fincas propias,
cuando "todo era del marqués"? ¿. ¿Cómo habían pasado a manos
privadas los bienes comunales? ¿Cómo Santa María había perdido en diez años el
sesenta por ciento de su población? Descubrir
el origen histórico de la iglesia parroquial a base del análisis pormenorizado
y paciente de sus elementos. El hecho de que de una población tan pequeña,
hubieran emigrado a América 61 personas de 29 familias distintas, casi todos
durante los primeros 50 años del siglo XX, y
estos emigrantes representaban el 17% de la población. Saber
qué mozos de Santa María habían luchado contra Napoleón en el ejército de
liberación de Asturias. Saber que en Santa María había
estafeta de correos y tenía la consideración de "villa". Y aunque
conocido en general, precisar la evolución cultural habida en los años sesenta
y setenta del siglo XX: una auténtica revolución.
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Salto de Priañes y meandros río Nalón. Foto: La Nueva España |
P.- Usted ofrece este
libro a “cuantos nos enseñaron el valor
del trabajo, de la honestidad, de la austeridad de la vida, de la generosidad y
del sentido de la dignidad humana”….no le voy a preguntar si estas
características han desaparecido en el mundo, en la sociedad, en los pueblos
actuales, pero… ¿qué diferencias establecería entre el ayer y el hoy?
R.- Existe
una gran diferencia: mi generación y las generaciones anteriores vivían unas
normas éticas definidas y unos valores
claros y permanentes. La sociedad ejercía de juez de conductas y
"excomulgaba" a los transgresores privándolos del honor. La grandeza
de un hombre o de una mujer no se la daban títulos o altas profesiones, sino
sus virtudes ejemplares. Solía decirse que tal o cual familia era “seria y
honrada”. Los comportamientos éticos aceptados
como normas comunes unificaban los modos de vida de la gente. La excepción
aparecía siempre como u extravagante e inadaptado. Hoy
los valores, con respecto a generaciones anteriores, han cambiado, la sociedad
se ha hecho compleja y nuevos
condicionamientos culturales provocan la aparición de nuevos valores, nuevos
modos de vida y valores diferentes y cambiantes. El proceso de aculturización a
nivel mundial debido a los medios de comunicación ha sido traumatizante para
sectores de la sociedad, pero se trata de un proceso imparable. De
todas formas, existen valores que recorren el tiempo y las culturas
transversalmente, formando parte de la condición humana. Son dignos de toda
época y cultura. Nuestros mayores vivieron con intensidad casi heroica una
serie de valores o virtudes que los capacitaron para superar enormes
dificultades. A ellos dedico mi agradecimiento y mi reconocimiento.
P.- ¿Era fácil vivir
en Santa María? ¿era cómodo? Al escribir su libro, ha encontrado , familias
que en la actualidad sigan viviendo
allí? O se ha “renovado” la población,¿ se han incorporado nuevos apellidos?
R.- En Santa María. ni era cómodo ni era fácil vivir.
No era fácil porque se trabajaba siete días de la semana y de diez a doce horas
diarias. No era cómodo porque los medios con los que había que trabajar eran
rudimentarios, porque los desplazamientos al trabajo, generalmente a Trubia o a
los mercados a Grado, hasta 1944, se hacían a pie; el calzado eran
frecuentemente almadreñas; la ropa era escasa y poco apropiada, sobre todo
durante el invierno. Era un vivir incómodo y difícil. De las antiguas familias
de Santa María, con escasas excepciones, sólo quedan "restos", permítaseme la expresión.
De muchas familias que por los años cuarenta y cincuenta contaban entre 8 y 12
miembros cada una, sólo quedan viudas o
sus casas han sido cerradas. Por otra parte, la población no se renueva,
ni por el proceso normal vegetativo de nativos, ni por las personas que desde a
fuera se han establecido en el pueblo. Numerosas familias históricas no sólo
han desaparecido del pueblo, sino que su presencia empieza a caer de la memoria
de las jóvenes generaciones. Para ellas ha comenzado su muerte histórica. A corto y a medio plazo, no parece
viable una nueva reestructuración económica y social con base sólida en Santa
María.
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Campos de maíz y madreñas |
P.- Para los
“urbanitas” que pasamos estupendos e inolvidables veranos llenos de “insólitas”
(para nosotros) aventuras como adentrarse en el salto de Priañes, intentar
ordeñar las vacas, recoger los “piescus” del árbol, ir al lavadero, cocido y misa los domingos, en la iglesia de estilo
románico de Santa María, o desgranar las panochas de maíz en el hórreo… estos pueblos eran
indispensables en nuestra vida…. Pero, hábleme del significado que tenía el “veraneante” para
estas localidades. ¿Era siempre “de raíces”, o podía ser también “accidental”,
sin ninguna vinculación familiar con el pueblo?
R.-
Los pocos "veraneantes" que se acercaban a Santa María para pasar
unos días o semanas eran siempre de raíz
en el pueblo: los hijos ya emigrados o los pequeños nietos ya
"urbanitas". Estos acudían a
vivir con los abuelos unos días o semanas. Para ellos, los días pasados en la
aldea suponían el descubrimiento de la naturaleza y de actividades de vida
novedosas: sus costumbres, las faenas agrícolas, el mundo de los animales, la
ternura y especial trato de sus mayores... No conocí en Santa María un sólo
veraneante que no fuera en busca de sus raíces y al amparo de sus ascendientes.
P.- En su libro
dice….”aquellas gentes que vivieron,
lucharon, sufrieron y progresaron a fuerza de enormes sacrificios…" profesor Suarez… ¿aquellos eran
sacrificios? Usted es un brillante ejemplo de superación de la realidad de
Santa María de Grado…cómo se sobrevivía a las carencias?, ¿A las dificultades
geográficas, sociales y económicas?, ¿Cómo se accedía al aprendizaje?, ¿A la
formación académica?
R.- Eran sacrificios auténticos los que
hacían los mayores, los jóvenes y los niños. La austeridad más radical era
norma de vida. Con las carencias se sobrevivía, porque no existía otra
posibilidad. Cuando todo es escaso, se asumen las circunstancias y se tira para
adelante. Todo se aguantaba y todo se suplía a base de esfuerzo y espíritu
aguerrido. Para una enseñanza que superara a la muy limitada de la del pueblo, cualquier
chico que aspirara a una formación que superara la condición de peón o pobre
campesino, suponía salir de la escuela a los diez u once años y marchar a una
"escuela particular" para preparase al ingreso en alguna escuela
profesional -en Santa María la escuela profesional de la fábrica nacional de
cañones de Trubia- o el ingreso en bachillerato... Esto significaba las largas
caminatas a pie de las que ya hemos hablado. Siempre pagando un alto esfuerzo. Se
sobrevivía con trabajo y sacrificio... La elasticidad que tiene el ser humano
para sobrevivir a las circunstancias adversas es lo que le ha hecho progresar y
evolucionar hasta el día hoy. En nuestros días, el Estado de Bienestar nos ha hecho olvidar lo arduo que era vivir
en otras épocas.
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Originariamente, casa familiar de Emilio Quiñones e Isabel Rodriguez. Foto: Fernando Suárez |
P.- Todo lo que cuenta en su libro…es una realidad de un pasado que no volverá posiblemente (ni en lo bonito, ni en lo complicado) a las pequeñas localidades y que se perdería con la pérdida de la vida, o la memoria de sus habitantes, a no ser por publicaciones como su libro “Historia y memoria de Santa María de Grado”. Libros como el suyo, ¿no deberían ser lectura recomendada en los colegios, para conocer mejor la realidad de una España no tan lejana?
R.- Algunos comentaristas de mi trabajo apuntan en
esa línea. Creo que podría ser un buen instrumento para usarlo en la formación
y en el estudio de temáticas históricas y etnográficas en la enseñanza
secundaria y universitaria. Los procesos históricos no se repiten como no se
repite la propia vida. El pasado y sus vicisitudes sí está en la raíz de lo que
hoy somos, pero el tiempo todo lo arrastra y todo lo arrasa. Gracias a Isabel
Quiñones, con raíces en el pasado de Santa María, con las añoranzas de su
infancia allí, y que aún guarda memoria
de la parra, de la "figal" y de la rica huerta al pie de casa. Para
ella sea grato también el recuerdo de la elegancia natural de su padre, Alfredo, nacido
allí en una familia grande, inteligente y de fuerte personalidad.